jueves, mayo 19, 2016

Luna venus

Fue en un sitio común que no cambiaba nunca, ni por los espectros ni la cortina de humo que lo embriagaba...

¿Cómo fue que nos encontramos?

Fue un andar descalzo sobre el pavimento mojado, un intenso calor con aire fresco, unas cuantas tardes juntos.

Cómo te extrañé en estos años en pausa, de silencio y aparente olvido.
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Diálogos con...


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...Es que el frío me pone a pensar al mismo tiempo que tiemblo en cada resquicio de mi cuerpo. 
No es preciso entender, no necesitas. Lo que pasa es que, desde hace un tiempo -que va desde un ayer lejano, hasta sólo segundos fugaces de hoy- me he metamorfoseado en los instantes del universo.

No hay que extrañarse de estos colapsos e implosiones esporádicos, es sólo que el azul reflejo de mi fisonomía, en tus espejos, extraen lo más profundo que hay en los míos siniestros.

No lo lamentes tampoco, sucede que ya soy yo y todo; incluso cargo también contigo, entonces mi memoria se vuelve infinito placer y castigo, guía; también, manan ocasiones en que visualizo en latitud - y paralelo- aquel próximo horizonte poseedor de perpetuos caminos y descubro, sin pensar, que tras esa leve curvatura convexa, eres tú quien se encuentra, eso hace que despierte súbitamente de mi letargo y entonces el mundo ya no es el mismo mientras afuera llueve.
En resumen pasa que no pasa nada, es sólo que el tiempo está enamorado y lleva tu nombre en la espalda.


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El nacimiento del mundo


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“Hoy soñé que tus manos me llevan que eres mi voz”
Eran sólo cuatro paredes las que espiaban el cuerpo desde sus geométricas posiciones y la oscuridad de su vestido. Una ventana ciega en medio de los escombros de su transparente memoria, ésta únicamente transportaba los sueños de un lugar a otro en un espacio indefinido – ojalá fueran rumbo a su recinto.
Manos transparentes y azules colgaban desde ahí, tratando de acariciar tal soledad encapsulada, bailando de derecha a izquierda como las manecillas del reloj lo dictan, como el tiempo mueve al cuerpo y éste a los sueños sin salir a ningún lado que no fue ese espacio reducido, esa caja desfragmentada y herida, casi sangrante.
Un hoyo oscuro rectangular, vertical y cubierto, lleno de disfraces para la piel – esa piel prohibida envenenada- sólo telas y texturas para el cuerpo. Inevitable la vigilancia, mudos los testigos y acariciantes las hojas de los libros que tanto han vivido y poco han visto.
Una puerta ronca e inocente, transportadora. Aquella que sólo encierra y no se abre para todos. Sí, fue después de la colección de precisos sueños que se abrió, dejó salir al cuerpo convertido en persona, en un ser con disfraces multicolor abstraídos mentalmente. Así fue como ella rondó por los pisos redescubriendo lo antes visto, la luz que resplandece y el techo enorme, incalculablemente azul.
Afuera, más allá de las cuatro paredes, fuera de los pisos, en el verdadero exterior gigantesco y desconocido, otro cuerpo vestido disfrazado, familiar –mira sin observar. No se detiene aún, no nota al ser primero, sólo escucha el viento y la sinfonía del otro cuerpo a su lado, casi transparente.
Una caminata por el mundo, entre la ciudad y sus sonidos. Un segundo perdido de en la historia; un instante imperceptible a la gente – pero no al universo- vigila las miradas, tierra y mar, cielo y sombra, luz y esqueleto se detienen. Nacen los dedos en las manos y comienza una nueva sinfonía, el resplandor.
Surge el tacto en los seres, en los cuerpos, sienten, se mueven y desplazan, van de cuarto en cuarto para descubrir… chocan, mueren y nacen. El mundo grita, los cuerpos suspiran y viven…

Dos cuerpos y cuatro paredes, dos seres sin disfraz, la ventaja ciega que escucha respiración – una- dos memoria, un universo paralelo, mil paredes, un solo recinto. Nace tu voz y yo revivo. UNO, el universo y nuestro recinto, nosotros.


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Ciudad en tiempo


En los tres pasos de esta distancia existe un gran abismo y varios sueños compartidos, sin embargo, no existe ningún rencor, ningún miedo recurrente que amplía ese gran abismo.
Es en este espacio, entre estas mil paredes donde se esconden los deseos que jamás pensamos.
Aquí, no cabe la distancia sólo cuatro ojos, dos bocas, dos piernas que sobran y pasean, paseas, visitas, dos espaldas que junto con el cuerpo se vuelven uno, mil brazos, incontables dedos que trazan y surcan.
Aquí, pequeño universo de recuerdos y pensamientos cabe todo, menos ese abismo negro que forma tu espalda frente a mis ojos, allá, a tres pasos de distancia.

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Es inevitable pensar en el susurro nocturno que embellece tu aroma. Ya en tiempos atrás te vi desde lo alto, tratando de encontrarme abajo, acunada en tus fríos brazos de tierra mojada, tierra virgen conquistada, pero virgen ante los ojos de quienes no se atreven a ver aquella cuasiforme cara con dos ojos llenos de agua, tal vez por las lágrimas derramadas por la muerte de los antiguos que jamás te llegarán a olvidar.


Incontables son las noches que he dedicado a cada trazo que te compone como mía, hecha para mi y mi historia. Hace cuánto que te convertiste en testigo de mis ojos puestos en ti, donde comenzamos a mirarnos y no dejamos de hacerlo descubriéndonos una dentro de otra, como un espejismo soñado en algún cuento que no conocemos, un desdoblamiento apasiguante del que no saldré nunca más.


Por las noches tu voz me busca incansablemente, retumba en tus cuatro puntos corriendo de oriente a poniente, norte y sur, zigzageando en espiral hasta llegar al centro donde me encuentro yo. Es verdad que todos te escuchan, tu voz  como un eco sordo que se alarga como un suspiro, tristemente sólo yo te entiendo, tal vez sea que es a mi a quien llamas;

Toluca de corazón bufante.






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